12 September, 2026
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En Valledupar se conmemoró el natalicio 81 de Kjuma con un llamado a preservar su legado artístico

  • septiembre 12, 2026
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En Valledupar se conmemoró el natalicio 81 de Kjuma con un llamado a preservar su legado artístico

Familia, artistas y gestores culturales resaltaron la importancia de recuperar la memoria documental del pintor y avanzar hacia la creación del Museo Kjuma y una iniciativa que permita acercar su obra a las nuevas generaciones.

Valledupar volvió su mirada hacia uno de los nombres que dejó una huella significativa en la historia de las artes plásticas del Cesar. En el marco de la conmemoración del natalicio número 81 del maestro Kjuma, familiares, artistas, amigos y gestores culturales se reunieron para recordar no solo su obra, sino también al hombre detrás del pincel: su personalidad, sus anécdotas, sus amistades y el aporte que realizó al desarrollo de la plástica en la región.

El encuentro se convirtió también en un llamado a la sociedad vallenata y a las instituciones para asumir, de manera colectiva, la responsabilidad de preservar una memoria artística que forma parte del patrimonio cultural de Valledupar.

Durante el conversatorio se puso de presente que es urgente y necesario que Valledupar se una en torno a la preservación del legado de Kjuma, entendido no solamente como el conjunto de pinturas que dejó, sino como una historia artística que merece ser documentada, estudiada y transmitida a las nuevas generaciones.

La familia del maestro viene adelantando un proceso de recuperación de su memoria artística mediante la búsqueda y organización de archivos, documentos, fotografías, registros audiovisuales y otros materiales relacionados con su trayectoria, con la perspectiva de avanzar en la creación del Museo Kjuma, un espacio que permita conservar, investigar, divulgar y poner en valor su obra.

“Preservar el legado de Kjuma no puede ser solamente una tarea de la familia. Es una responsabilidad que debe involucrar a artistas, gestores culturales, instituciones educativas, autoridades y a toda la ciudadanía”, fue una de las reflexiones que dejó la jornada.

Entre las propuestas planteadas durante la conmemoración surgió la necesidad de que las autoridades culturales busquen mecanismos que permitan mantener vivo el legado de Kjuma y, al mismo tiempo, reconocer la trayectoria de otros artistas locales que también contribuyeron a construir la historia cultural de la región y que hoy ya no están.

Una de las alternativas sería la creación de una cátedra permanente sobre artes plásticas del Cesar o la publicación de un libro sobre este tema, en la que se estudie la obra y trayectoria de Kjuma junto con la de otros pintores y creadores de la región.

La iniciativa permitiría que estudiantes, investigadores, artistas y ciudadanos conozcan de primera mano los procesos, estilos, búsquedas y aportes de quienes ayudaron a construir la identidad visual del territorio.

La conmemoración también tuvo un componente profundamente humano. Amigos y artistas que compartieron diferentes momentos con Kjuma evocaron historias y anécdotas que permitieron acercarse a su personalidad, a su manera particular de vivir, a su irreverencia, a la forma de relacionarse con los demás y a los vínculos de amistad que construyó a lo largo de su vida.

Esos recuerdos mostraron otra dimensión del pintor: la del hombre que conversaba, compartía, enseñaba, debatía sobre arte y construía relaciones alrededor de su pasión por la pintura.

Su legado, por tanto, trasciende los lienzos. Está también en quienes conocieron su trabajo, en los artistas que recibieron su influencia y en las nuevas generaciones que encontraron en su propuesta una referencia para desarrollar sus propias búsquedas dentro de las artes plásticas.

En el acto quedó claro que preservar su legado requiere pasar de los homenajes ocasionales a la construcción de procesos permanentes de investigación, conservación, formación y divulgación, que se constituye en tarea de todos.

El natalicio 81 de Kjuma fue una celebración de su vida y de su obra, pero también una invitación a mirar hacia el futuro, porque conservar a Kjuma no significa únicamente guardar sus cuadros. Significa mantener viva la historia que cuentan sus pinceles, recuperar la memoria de una generación de artistas y garantizar que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocer, estudiar y valorar el patrimonio plástico que se ha construido en Valledupar y el Cesar.